Despensa

El material y el cierre del recipiente importan más que el tamaño para conservar bien la comida

Autoría: Lucía Serrano, Redacción

El material y el cierre del recipiente importan más que el tamaño para conservar bien la comida

Abrir la nevera y encontrarse con un cajón de táperes desordenados, tapas que no cierran bien y restos de comida que acaban oliendo a todo lo demás es uno de los pequeños fastidios de cualquier cocina. Elegir bien los recipientes herméticos no es solo una cuestión de orden: influye en cuánto dura la comida, en si se derraman líquidos por los estantes y en si el pescado en salsa acaba perfumando el yogur de al lado. Esta guía repasa los materiales, los cierres y los tamaños que de verdad marcan la diferencia a la hora de conservar alimentos en frío.

Qué material elegir: vidrio, plástico o acero inoxidable

El vidrio es la opción más neutra e higiénica, el plástico es el más ligero y barato, y el acero inoxidable es el más duradero pero también el más caro y menos práctico para ver el contenido sin abrir la tapa. No hay un material perfecto para todo: la elección depende de si priorizas el precio, el peso, la resistencia a manchas o la posibilidad de meter el recipiente en el microondas.

Si lo que quieres conservar es queso, conviene combinar estos recipientes con los consejos de Cómo guardar el queso para que no se reseque: guía por tipo de queso.

Vidrio: el más versátil para la nevera

El vidrio no absorbe olores ni se mancha con la salsa de tomate o la cúrcuma, algo que sí les ocurre a muchos plásticos con el tiempo. Se puede meter directamente del congelador al horno o al microondas (comprobando siempre que la tapa se retire si no es apta para calor), y permite ver de un vistazo qué hay dentro y en qué estado está, lo cual ayuda a no olvidar restos en el fondo del estante hasta que encontramos algo que no estaba en la lista de la compra.

El inconveniente es el peso y la fragilidad: un recipiente de vidrio que se cae de una balda puede romperse y, además, ocupa más espacio para la misma capacidad que uno de plástico de paredes finas. Si la nevera es pequeña o el armario donde se guardan vacíos tiene poco hueco, esto pesa en la decisión.

Plástico: ligero, pero hay que mirar el tipo

No todos los plásticos se comportan igual. Los recipientes de buena calidad suelen estar fabricados en polipropileno, un plástico rígido, resistente a temperaturas moderadas y que tolera mejor el lavavajillas sin deformarse. Conviene evitar los plásticos muy finos o blandos para guisos con mucho aceite o tomate, porque tienden a retener el color y el olor incluso después de varios lavados.

La ventaja clara del plástico es el peso y el precio: es la opción más cómoda para llevar la comida al trabajo o de viaje, y si se rompe o se deforma, reponerlo no supone un gasto grande. La pega, aparte de las manchas, es que el plástico se raya con el uso y esas rayas acaban siendo un refugio perfecto para bacterias y restos de grasa que el estropajo no alcanza a limpiar del todo.

Acero inoxidable: duradero, pero menos práctico

Los recipientes de acero inoxidable no se manchan, no retienen olores y resisten golpes y caídas mucho mejor que el vidrio o el plástico. Son habituales para transportar comida o para congelar, pero en la nevera del día a día tienen una limitación evidente: no se puede ver el contenido sin levantar la tapa, así que toca etiquetar o acordarse de qué hay en cada uno. Tampoco sirven para el microondas, lo que obliga a cambiar de recipiente antes de calentar.

MaterialVe el contenidoMicroondasMancha o retiene olorPesoResistencia a golpes
VidrioSíSí (sin tapa de plástico)NoAltoBaja (se rompe)
Plástico (polipropileno)SíSegún el modeloPosible con el tiempoBajoMedia
Acero inoxidableNoNoNoMedioAlta

Un tarro de cristal hermético con tapa, lleno de terrones de azúcar, junto a varios terrones sueltos fuera del recipiente.

Qué tipo de cierre conserva mejor la comida

El cierre hermético de verdad es el que tiene pestañas o clips laterales que presionan una junta de silicona o caucho contra el borde del recipiente, no la simple tapa a presión de plástico sin junta. La diferencia se nota sobre todo con líquidos, salsas y alimentos que desprenden olor fuerte, como el ajo cocinado, el pescado o el queso curado.

Un recipiente sin junta puede parecer cerrado y aun así dejar pasar aire y humedad, lo que acelera el deterioro de la comida y permite que los olores se mezclen entre estantes. Antes de comprar, merece la pena comprobar dos cosas: que la junta se pueda desmontar para lavarla (si no se puede, acaba acumulando restos de grasa y moho en las ranuras) y que las pestañas de cierre sean de un plástico rígido que no se agriete con el uso continuado.

  • Tapa con clips laterales y junta de silicona: es el cierre más fiable para líquidos y para evitar fugas si el recipiente se vuelca.
  • Tapa a presión simple sin junta: útil para alimentos secos o de corta duración, pero menos fiable para sopas, caldos o encurtidos.
  • Tapa con válvula de vacío: algunos modelos incorporan una válvula que permite extraer el aire manualmente; prolonga la conservación de alimentos sensibles al oxígeno, como el guacamole o las verduras cortadas.
  • Tapa roscada tipo tarro: cómoda para líquidos (salsas, caldos, aliños) porque se puede agitar sin miedo a que se abra.

Cómo elegir el tamaño y la forma según lo que vas a guardar

El tamaño ideal no es “cuanto más grande, mejor”, sino el que se ajusta a la ración real que sueles cocinar o guardar, porque un recipiente medio vacío deja demasiado aire dentro y acelera que la comida se seque o pierda sabor. Lo más práctico es tener un surtido de al menos tres o cuatro tamaños distintos en lugar de comprar un único juego uniforme.

Para sobras de guisos, pasta o arroz, conviene un formato bajo y ancho: al tener más superficie expuesta, el contenido se enfría antes al meterlo en la nevera, lo cual reduce el tiempo que el alimento pasa a temperaturas intermedias antes de llegar al frío. Para líquidos como caldos o salsas, un formato alto y estrecho aprovecha mejor la altura de la puerta o de un estante lateral y es menos propenso a volcarse. Para verduras cortadas o fruta, los recipientes con rejilla interior elevada evitan que se acumule humedad en el fondo, que es lo que más acelera que se pochen o críen moho.

La forma también importa para el aprovechamiento del espacio: los recipientes cuadrados o rectangulares encajan entre sí sin huecos muertos, mientras que los redondos suelen dejar espacio desaprovechado al colocarlos en fila. Si el objetivo es optimizar una nevera pequeña, merece la pena priorizar formas angulares que se puedan apilar o encajar como piezas de un puzle.

Varias bandejas de plástico transparente llenas de grosellas rojas y negras frescas.

Cuánto dura la comida en un recipiente hermético bien cerrado

Un cierre hermético retrasa el deterioro porque limita la entrada de aire y la pérdida de humedad, pero no sustituye a una temperatura de frío adecuada ni convierte un alimento perecedero en uno de larga duración. La pauta general de higiene alimentaria es enfriar los restos de comida cocinada lo antes posible, guardarlos tapados y consumirlos en un plazo corto, revisando siempre el aspecto y el olor antes de calentar.

Para carnes, pescados, lácteos y platos cocinados, el criterio más fiable no es un número fijo de días sino la combinación de varios factores: la temperatura real de tu nevera (conviene que esté en el rango frío recomendado para electrodomésticos domésticos), cuánto tardó el alimento en enfriarse tras cocinarlo y si el recipiente se abrió varias veces, lo que introduce aire y microorganismos cada vez. Ante la duda, es preferible fiarse del olfato y la vista, o directamente desechar el alimento, antes que arriesgarse.

Conviene también separar en la nevera los alimentos crudos de los cocinados, idealmente en estantes distintos, para evitar la contaminación cruzada: un recipiente hermético ayuda, pero no es una barrera absoluta si las tapas se manipulan con las mismas manos o superficies que han tocado carne cruda.

Para alimentos más delicados, como los champiñones, puede resultar útil consultar también Cómo conservar los champiñones más tiempo y evitar que se estropeen.

Cómo limpiar y mantener los recipientes sin que cojan mal olor

El mal olor persistente en tápers de plástico suele venir de restos de grasa alojados en las rayas de la superficie o en las ranuras de la junta de la tapa, zonas que un lavado rápido con esponja no siempre alcanza. Lavar a mano con agua caliente y dejar secar completamente al aire, boca abajo y sin la tapa puesta, evita que quede humedad atrapada que favorece el moho.

Para el olor a pescado o a curry que se resiste al jabón normal, remojar el recipiente con agua y un poco de bicarbonato durante unas horas suele ser más eficaz que repetir el lavado con detergente. En el caso de manchas de tomate o cúrcuma en plástico, dejar el recipiente al sol unas horas con la tapa abierta ayuda a aclarar el color, aunque el plástico ya rayado difícilmente recupera su aspecto original.

Conviene desechar cualquier recipiente de plástico que presente grietas, deformaciones por calor o una capa de rayas tan densa que ya no se pueda limpiar a fondo: en ese punto deja de ser higiénico y de cumplir su función de barrera contra el aire y la humedad.

Preguntas frecuentes

¿Se pueden meter los recipientes herméticos de plástico en el congelador?

Depende del modelo: solo los fabricados con plásticos resistentes al frío extremo, indicados por el fabricante como aptos para congelador, evitan agrietarse. Conviene dejar siempre un margen de aire en la parte superior, porque los líquidos se expanden al congelarse y pueden reventar la tapa o el propio recipiente.

¿Es mejor el vidrio o el plástico para quien cocina mucho con tomate o curry?

El vidrio es la opción más segura frente a manchas y olores persistentes, porque su superficie no absorbe los pigmentos ni los compuestos aromáticos como puede hacerlo un plástico con el tiempo. Si se prefiere el plástico por su peso, conviene elegir uno de buena calidad y lavarlo cuanto antes tras su uso.

¿Los recipientes herméticos sirven para alargar mucho la vida de la comida?

Ayudan a conservar mejor la textura, el sabor y la humedad, y reducen el riesgo de contaminación cruzada en la nevera, pero no sustituyen a una temperatura de frío correcta ni alargan de forma indefinida la vida de un alimento perecedero. El cierre hermético es un complemento a una buena práctica de conservación, no un sustituto.

¿Qué tamaño de recipiente conviene comprar si vivo solo o sola?

Suele compensar más tener varios tamaños pequeños y medianos que uno o dos grandes, porque las raciones individuales se ajustan mejor a lo que realmente se va a consumir en pocos días y se evita dejar aire de más dentro del recipiente, que acelera el deterioro del alimento.

¿Hay que lavar los recipientes herméticos en el lavavajillas o a mano?

Los de vidrio y acero inoxidable suelen tolerar bien el lavavajillas. En el plástico conviene revisar las indicaciones del fabricante, ya que el calor del lavavajillas puede deformar modelos de baja calidad con el uso repetido; lavar a mano con agua caliente prolonga su vida útil, especialmente en las juntas de las tapas.

Fuentes